Hermosa palabra... cobijar. Se la escuché a una persona en un taller mientras trabajábamos en su inquietud de abrirse al mundo. Su miedo a salir y ser más ella tenía que ver con el miedo a que el resto note lo poco valiosa que es. Y descubrió que era ella la que no venía captando su propio valor. Entonces habló de cobijar. De cobijar aquellos aspectos de su ser contra los que viene luchando para que no existan, en su afán inauténtico por cuidarse de sufrir: Su debilidad, su estar herida, su angustia, su sentirse poco valiosa. Aquello que teme vivenciar y que los demás noten y toquen. Y se animó a salir un poco y encontrarse con quienes ahí estábamos, uno por uno. Hubo nervios, abrazos y lágrimas. Pudimos verla y ella nos vio un poco más. Al finalizar el ejercicio se tomó un momento para darse un abrazo a sí misma. Había decidido cobijarse.

Como suele ocurrirme, lo que esta persona trabajó tuvo resonancia en mí, para observarme un poco y ver contra qué aspectos de mi ser estoy en lucha o de cuales huyo, y eso tiene que ver con la mirada con la cual me miro. ¿Cuánto amor hay en mis ojos para con mi soledad, o mi ansiedad o mi frustración, o para con estos mismos ojos?

¿Qué es cobijar? Cobijar es hospedar, darle albergue a mi dolor en mi propio corazón. Es abrirle las puertas a mi lado herido, dejándolo pasar para poder curarlo. Solo así siento que puedo hospedar el dolor del otro.

Cobijar es acoger, es ofrecerle mis brazos a mi debilidad, a mi sentirme torpe, a mi temor a no ser suficiente, y sostenerme a mí mismo con infinito amor. Solo así puedo abrirme a quien tengo al frente con todo lo que trae y sin ninguna condición.

Cobijar es abrigar, abrazándome fuerte en mi caída, en mi fracaso, cuando siento el alma arruinada porque se acaba el mundo, porque algún límite me toca en lo más profundo. Solo así puedo darle mi mano al otro cuando su propio mundo se viene abajo.

Cobijar es también amparar, hacerle un lugar a mi modo inauténtico de ser con el que protejo mis moretones, pues si no es mío, ¿de quién? Es en este apropiarme cuando me asumo, cuando me hago responsable, cuando sé que si bien no soy mi personalidad esta me pertenece. Solo así puedo ver con los ojos del espíritu a la persona detrás de la fachada, reconociendo a esa fachada con respeto y amor.

Cobijar ha dejado de tener solo significado para brindarme un sentido, un propósito amoroso y prudente, un aceptarme, un acogerme. Siento que estoy reconciliándome conmigo para reconciliarme con los demás, y que me abrazo para abrazar al otro y también dejarme abrazar.

Alejandro Salomón Paredes
Director CPL
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