La logoterapia: una psicoterapia fenomenológica

Por Alejandro Salomón Paredes

Psicólogo y psicoterapeuta de orientación logoterapéutica

Director Centro Psicoterapéutico Logos

Revista Peruana de Psicología y Trabajo Social 2016, Vol. 4 - Número 2: 99-107

Recibido el 15 de noviembre del 2015, aceptado el 15 de diciembre del 2015

RESUMEN

En este artículo se presenta una descripción de las aplicaciones del método fenomenológico en la relación psicoterapéutica en la logoterapia de Viktor Frankl. Se exploran las influencias de Husserl, Heidegger y Scheler en la aproximación a la persona y su experiencia, así como en la experiencia inter subjetiva entre consultante y terapeuta, destacando la importancia de la actitud del terapeuta frente al paciente y el papel de la intencionalidad de la conciencia en la apertura al mundo de valores y sentido. Así mismo se proponen formas para desarrollar una actitud fenomenológica en las relaciones que invite a asumir lo propio y validar al otro como un legítimo otro, facilitando el despliegue de la libertad en términos de conciencia, responsabilidad y sentido de vida.

PALABRAS CLAVE

Logoterapia, fenomenología, psicoterapia, psicología, método fenomenológico, Diálogo Socrático, Viktor Frankl, Edmund Husserl, Martin Heidegger, Max Scheler.

ABSTRACT

This article presents a description of the phenomenological method that is practiced as attitude in the psychotherapeutic relationship as it is conferred in Viktor Frankl 's logotherapy. The influence of Husserl, Heidegger and Scheler in the approach to the person and their experience are explored, as well as the inter-subjective experience between consultant and therapist, stressing the importance of the attitude of the therapist to the patient and the role of intentionality opening consciousness in the world of values ​​and meaning. This article also proposes ways to develop a phenomenological attitude in relationships that invite to take the personal and validate the other as a legitimate other, aiding the deployment of freedom in terms of awareness, responsibility and meaning of life.

KEY WORDS

Logotherapy, phenomenology, psychotherapy, Socratic Dialogue, Viktor Frankl, Edmund Husserl, Martin Heidegger, Max Scheler.

UNA APROXIMACIÓN A LA REALIDAD

Una persona llega a mi consulta referida por un colega. Es un nuevo consultante, un nuevo paciente. Lo que trae como su “motivo de consulta” me resulta conocido. Casi tengo ya una buena hipótesis, basada en una gran cantidad de procesos terapéuticos, muchos de ellos satisfactorios. El momento es una suerte de invitación a completar su experiencia con lo que yo ya sé. Me entran unas tremendas ganas de sacar el manual para el tratamiento de las obsesiones que guardo en la biblioteca y encaminar la terapia desde donde creo y hacia donde creo debe ir. Siento también ganas de explicarle al otro lo que le acontece. Todo esto me hace sentir una cómoda seguridad.

Todo sigue su curso natural hasta que de pronto algo me pasa: un momento de autodistanciamiento, según Frankl (2007) la capacidad de la persona para tomar distancia de sí misma y revisarse, monitorearse, confrontarse y asumirse. Y descubro que estoy mirando tan solo un espejismo de la persona que está frente a mí. Me descubro interpretando lo que el otro me dice, tanto verbal como corporalmente. Me noto dándole un significado a su experiencia, encaminando el proceso por donde mi juicio, mis teorías, mis inquietudes, experiencias y necesidades me indican. Descubro que dejé de ver a la persona frente a mí para ver una idea. Paso a confirmar que mi mirada de la realidad es sesgada y reducida.

Me surgen preguntas: ¿Estaremos en el camino correcto?, ¿será esta la actitud más acertada frente al otro?, ¿la experiencia tan singular de esta persona puede estar en algunos de mis libros? Desde una antropología frankleana, la respuesta es no.

La logoterapia es una propuesta psicoterapéutica que se centra en hacer conciencia de la propia libertad, aumentando la responsabilidad ante la vida y asumiendo la angustia que es inherente al hecho de ser libre para dar respuesta. Tal responsabilidad se relaciona al hallazgo y vivencia de valores, a estar abierto al mundo de forma auténtica, encontrándole sentido a la vida (Salomón y Díaz del Castillo, 2015). Una psicoterapia que parte de la libertad y busca desplegar libertad necesita de una aproximación diferente a la experiencia del otro. Una aproximación donde pueda conocer su experiencia tal cual la experimenta y reconocer el impacto que tiene en mi experienciar, distinguiendo qué es lo suyo y qué es lo mío en la relación. Una forma de encuentro que propicie la propia conciencia y la propia elección sobre el propio camino y las respuestas ante la vida. Necesariamente hay que intentar abstenernos de interpretar, pre juzgar y teorizar sobre la otra persona, tratando de evitar la explicación y la solución en las que muchas veces sin querer se imponen valores y se colabora en la irresponsabilidad y en la restricción de la libertad del consultante.

Necesitamos entonces de una postura de ignorancia (Martínez, 2012), de partir de un no saber que invite no a inferir respecto a lo ya conocido (otros pacientes), ni a explicarle al otro su vivencia desde teorías pre concebidas, ni a imponerle valores o sentido a su vida; sino a describir lo más fielmente posible la experiencia, sin juicios de valor y sin interpretaciones ni explicaciones. La logoterapia requiere y nos propone poner en práctica una actitud fenomenológica en la relación terapéutica, donde podamos encontrarnos y mirarnos más allá de las apariencias (Husserl, 2011). Esta actitud es toda una invitación a un encuentro más transparente y auténtico, donde podamos intencionarnos uno hacia el otro y donde el camino terapéutico será el proceso que el consultante requiera para llegar a ser más libre y responsable.

ENTRE HUSSERL Y HEIDEGGER

Hablar de fenomenología y más específicamente de método fenomenológico es hablar inevitablemente de su creador Edmund Husserl (1859 – 1938). Husserl, quien era lógico más que filósofo, se interesó en conocer las esencias de las cosas y la forma como se dan a la conciencia, buscando superar la filosofía positivista y racionalista (Husserl, 2011). Para esto propuso una interesante forma de observar los objetos que servirá de mucho a la relación logoterapéutica: como se hacen presentes a la conciencia (Martínez, 2013). Husserl se interesaría en lo que hace único a un “fenómeno” (todo aquello que aparece a la conciencia), poniendo énfasis en las diferencias, dejando de interesarse por lo que hace que las cosas sean iguales (racionalismo), es decir, sus semejanzas. Para Husserl es imposible conocer la realidad totalmente, pues nuestra mirada es siempre parcial, incompleta, por ser subjetiva, por lo que pondrá en duda la existencia de una realidad para ofrecernos la posibilidad de diversas realidades, tan diversas como seres humanos hay en la Tierra. Para Husserl la persona y el mundo (su mundo) conforman una unidad indivisible (Van Deurzen en Martínez, 2013).

Sin duda que manejar una postura racionalista nos ayuda a aprender, atribuyendo significado a las experiencias y a los fenómenos (Martínez, 2013), para así inferir y poder actuar en el día a día. Me es muy útil utilizar mis experiencias previas con otras laptops para poder utilizar esta que uso en este momento. En las relaciones humanas es hasta indispensable, como el caso de un cirujano que opera con éxito gracias a su vasto conocimiento y experiencia con la anatomía humana, donde importa muchísimo lo que los seres humanos tenemos por igual. Sin embargo hay situaciones donde inferir o utilizar sin límites los conocimientos previos o experiencias previas puede obstaculizar un mejor y mayor conocimiento de la realidad, como por ejemplo en una relación psicoterapéutica junto a otra persona, donde si buscamos conectar con la unicidad de cada uno será importante prestar atención a lo que nos hace ser diferentes.

Si bien Husserl se interesó por los objetos en general, planteó una forma de aproximarnos a los fenómenos a la que llamó método fenomenológico (Husserl, 2011), que nos es de mucha utilidad en nuestra labor psicoterapéutica, en el encuentro con una otra persona.

Husserl plantea tres pasos o reglas del método (Martínez, 2013):

La suspensión o Epojé: que en griego hace referencia a abstención (Reeder, 2011). Esto es “poner entre paréntesis” las propias experiencias, los juicios de valor, los significados sobre los hechos, las interpretaciones y los marcos teóricos preconcebidos para así captar directamente (como se da a la conciencia) la cosa. Esta reducción fenomenologica implica suspender mi conocimiento del mundo (Husserl, 2011). El mismo Husserl consideraría que esto es imposible de realizar por completo, ya que persona y mundo forman una unidad y la captación de los fenómenos nunca puede estar totalmente exenta de interpretaciones y significados, pero que valía la pena tratar de acercarnos un poco más a la realidad (Husserl, 2011).

La descripción: una vez hecha la suspensión, se describe con minuciosidad lo experienciado. Esta descripción nos acerca a la esencia del fenómeno como único y singular, puesto que nos centramos en lo que lo hace ser diferente a los demás.

La horizontalización: significa que ningún aspecto de la descripción importa más que otro. Implica no valorar nada de lo descrito o que todo tiene el mismo valor.

En discrepancia con la fenomenología de su maestro Husserl, Martin Heidegger (1888-1976) buscó centrarse no solo en la conciencia como experiencia interna sino en la conciencia como existencia (Martínez, 2013). Es decir, una fenomenología del ser humano como relación con su mundo (Heidegger, 2014). Esta es una fenomenología del ser existente (dasein o ser-en-el-mundo según el autor), que estudia las emociones, los sentimientos, pensamientos, sensaciones corporales, fantasías y recuerdos siempre como ser en relación (el dasein es también mitsein o ser-con-otros) (Martínez, 2013). Damos así un salto de una fenomenología trascendental (hacia el objeto que se percibe y cómo aparece a la conciencia) hacia una fenomenología existencial (la relación que se vive y cómo se vivencia).

Pero veamos de qué trata este método aplicado a la relación psicoterapéutica en una psicoterapia de la libertad y la responsabilidad, como lo es la logoterapia.

EL MÉTODO FENOMENOLÓGICO EN LA LOGOTERAPIA

Como hemos visto, Husserl desarrolló este método a partir de sus investigaciones en el campo de la lógica y matemática, interesado en la conciencia como acto intencional hacia los objetos. Heidegger llevó esto al campo de la existencia y del ser humano como ser en relación. Encontraremos en Frankl una visión que lleva esta práctica al terreno psicoterapéutico. Si bien Frankl no fue muy ilustrativo respecto a cómo realizar el método en la relación con el otro, nos habló de un diálogo en un sentido socrático (Frankl, 2002) que parte de una actitud de ignorancia (y por ende respeto) frente a lo que la persona del consultante trae como su experiencia, para así ir poco a poco ayudándole a dar a luz su propia verdad, sus propias respuestas, y a hallar sus propios valores y sentidos (Salomón y Díaz del Castillo, 2015). Este diálogo socrático conlleva la realización de una actitud fenomenológica, donde el método en cuestión es herramienta básica para lograr los objetivos logoterapéuticos: libertad y responsabilidad. Esto no significa en absoluto que se trate de una técnica mecanizada o un recetario previsto, sino todo lo contrario: es una metodología que al asumirla y vivenciarla como actitud en la relación terapéutica nos aproxima más al otro y nos invita a un encuentro más auténtico. Nos dice Frankl: “…en el ámbito de la psicoterapia, lo que menos importa es el método o la técnica empleados en cada caso. El factor decisivo es más bien la relación humana entre el médico y el enfermo.” (Frankl, 2003a P. 51).

Veamos cómo se da el método fenomenológico en el proceso logoterapéutico:

La suspensión o epojé: como hemos visto, se trata de un “poner entre paréntesis”. Pero para hacerlo es necesario primero lograr autodistanciarse (verme a mí mismo en situación) y así poder descubrirme interpretando, juzgando, significando, teorizando, hipotetizando, sin distinguir mis vivencias, necesidades y valores de los del otro. Esta autocomprensión facilita la suspensión. Esto no significa eliminar lo puesto entre paréntesis (cosa que es además imposible), sino saber que eso está ahí, que es mío y que puede entorpecer o mejorar la relación terapéutica y sus objetivos. La ventaja es que no vamos dialogando a ciegas en piloto automático, sino que podemos tener una mejor comprensión de las experiencias e intencionalidad del paciente y cómo resuenan en nosotros como terapeutas. Al hacer la suspensión quedo en una mejor posición para verme a mí mismo y a quien tengo al frente. Y poder distinguirse respecto al otro y su experiencia es lo que llamamos diferenciación (Martínez, 2012), esa capacidad de poder ver al otro como un legítimo otro, que piensa, siente, actúa, necesita y anhela, es decir, existe de forma diferente a mí. Principio básico para una relación logoterapéutica.

La descripción: una vez hecha la suspensión se procede a describir lo que se experiencia. Para esto hay que estar presente como terapeuta, por lo que la percepción se ha de dar no solo con los cinco sentidos. Aquí hablamos de lo que Max Scheler refiere como disposición afectiva (Gesinnung) (Scheler, 1957), aquel acto tendencial hacia lo valioso, el estar abiertos a percibir afectivamente la presencia del otro. Es el estar junto a otro ente espiritual (Frankl, 2007; Martínez, 2011). La propuesta es describir con minuciosidad lo observado en la persona del paciente, ya sean las manifestaciones corporales y los contenidos verbales, así como invitar al otro a describir su experiencia emocional, cognitiva, conductual, motivacional y relacional lo mejor posible. Esto facilita el despliegue de la libertad en términos de autocomprensión en el paciente (comprensión sobre sí mismo) y una mejor comprensión del terapeuta respecto a la experiencia del consultante, a partir de una relación más auténtica.

La horizontalización: ningún aspecto de la descripción vale más que otro. O todo es igual de valioso o nada lo es. En sí durante la terapia, la tarea de descubrir y jerarquizar sus valores corresponde a la propia persona consultante, y nunca al terapeuta. Recordemos que en logoterapia buscamos ampliar la libertad y la responsabilidad de cada quien en su proceso vital.

La pregunta: si bien esta no pertenece al método que Husserl planteó, es indispensable para el vínculo en la psicoterapia de orientación logoterapéutica. La pregunta es el puente tendido que facilita el encuentro y el conocimiento (Salomón y Díaz del Castillo, 2015). Es parte clave en el diálogo socrático, ya que partimos de una postura de ignorancia, es decir, de un no saber, y como Sócrates suponía, todo conocimiento parte de la ignorancia (Salomón y Díaz del Castillo, 2015). Precisamente este no saber implica reconocer aquello que hemos puesto “entre paréntesis”, dirigiendo nuestra intencionalidad hacia el otro con el fin de saber, de conocer la experiencia de la otra persona, con sus vivencias, significados y valores. ¿Cómo podría el terapeuta saber más del consultante que el consultante mismo? Es el error de quien sin darse cuenta acaba interpretando al otro y se indiferencia en el proceso terapéutico, mezclando lo suyo con lo del paciente y llevándolo por donde el terapeuta siente o necesita ir, impidiéndole al otro la toma de responsabilidad y el despliegue de su propia libertad, así como el hallazgo y realización de lo valioso de su vida. Preguntar es un arte que hay que practicar para ayudar al otro a que despliegue su  arte de responder y existir.

Las preguntas fenomenológicas invitan a la descripción y no a la interpretación o la explicación (Salomón y Díaz del Castillo, 2015), por lo que no utilizamos el ¿por qué? (ya que invita a responder con un porque), sino que nos basamos en el ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿quiénes? y ¿para qué?

El “¿qué?” es la pregunta fundamental que le permite al terapeuta situarse en el campo fenoménico del consultante, aceptando que no sabe y que requiere que el otro lo ubique en su propia realidad (Martínez, 2012). Por ejemplo: ¿Qué es lo que sientes cuando me hablas de tu jefe?, o ¿a qué te refieres con mal?, o ¿qué está a tu alcance hacer con esta situación?

El “¿cómo?” es la pregunta que invita a la descripción de los procesos y de las formas (Martínez, 2012). Esta pregunta puede posicionar al consultante frente a lo que le pasa y a sí mismo, ayudándole a desplegar su libertad en términos de autodistanciamiento. Por ejemplo: ¿Cómo es sentirte angustiada?, o ¿y cómo hiciste para tomar esa decisión?, o ¿cómo haces para evitar ese malestar?

El “¿cuándo?” permite ubicarse en la temporalidad de los sucesos. No invita a explicar ni a interpretar sino a situarnos en el contexto en el que se dan las experiencias. Por ejemplo: ¿Cuándo es que sientes esa sensación de no existir?

El “¿dónde?” nos permite ubicarnos en la espacialidad de las experiencias. Recordemos que somos ser-en-el-mundo donde ser/tiempo/espacio son una unidad indivisible (Heidegger, 2014). Por ejemplo: ¿Dónde sientes más esa pena?, o ¿dónde te suelen ocurrir estos episodios de angustia?, o ¿dónde podrías utilizar esta capacidad?

El “¿quién?” o “¿quiénes?” facilita la comprensión del mundo relacional de la persona (el ser-en-el-mundo es también un ser-con-otros y un ser-para-otros), invitándola a clarificar su acontecer emocional, cognitivo y conductual, ubicando al terapeuta en el conocimiento de su experiencia. Este posicionamiento se da no solo frente a la relación con los demás sino también en la relación consigo misma. Por ejemplo: ¿Con quiénes te pasa esto?, o ¿según quién eres una fracasada?, o ¿quién es el que se viene descalificando?

El “¿para qué?” cumple una doble función. Por una parte nos ayuda a clarificar en el aquí y ahora la intención de las pasividades y actividades incorrectas (conductas inauténticas, irresponsables, automáticas, rígidas, cristalizadas, generalizadas) (Frankl, 2008) que se pueden usar para eludir la responsabilidad sobre la propia vida, restringiéndose así la libertad en la persona. Por ejemplo: ¿para qué te quedas callada en las reuniones de clase?, o ¿para qué me alzas la voz? Si la pregunta fuera “¿por qué?” invitaría como hemos visto a una respuesta histórico - explicativa o justificadora. “El para qué nos pone en contacto con las intenciones y propósitos experienciales de la persona” (De Castro, 2013 P. 49). Así mismo el “¿para qué?” posiciona al consultante frente a las posibilidades de realización de valores y sentido. Aquí la pregunta no solo atañe al aquí y ahora, sino también al proyecto. Por ejemplo: ¿para qué sientes que esto te ha ocurrido?, o ¿para qué intuyes que esto puede estarte pasando?, o ¿para qué decidirte por esto?

EL MÉTODO FENOMENOLÓGICO Y LOS VALORES EN LOGOTERAPIA

La logoterapia es una psicoterapia orientada al encuentro y realización de valores. Es decir, buscamos a través de la relación terapéutica que la persona logre ampliar su percepción de valores (Martínez, 2012), prefiriendo y eligiendo lo que tiene más sentido. Pero, ¿qué son los valores? Digamos que, en pocas palabras, son todo lo que hay de valioso en la vida de cada uno. Max Scheler (principal influencia filosófica y antropológica de Frankl) describe varias categorías de valores (Scheler, 2007): pueden ser aspectos relacionados al disfrute sensorial, lo que él llamó valores sensibles (p.e. el placentero sabor que se encuentra en un plato de ravioles); o aspectos relacionados a la vitalidad y la salud, lo que llamó valores vitales (p.e. la satisfacción de realizar una rutina de ejercicio físico). Pueden ser aspectos relacionados a la belleza y la armonía, a los que llamó valores estéticos (p.e. la contemplación de una obra de arte); o bien aspectos relacionados al conocimiento y la sabiduría, a los que llamó valores intelectuales (p.e. el valor que se encuentra al leer e interiorizar un libro). También aspectos de la vida relacionados a la bondad y el bien obrar en las relaciones, a los que llamó valores éticos (p.e. la realización una acción solidaria); hasta aquellos aspectos relacionados a la divinidad o trascendencia, a los que llamó valores sagrados (p.e. la sensación de profundidad en una oración). Cada una de estas categorías son vivenciadas por la persona en su vida cotidiana en la acción de ser-en-el-mundo, puesto que para Scheler los valores esperan por nosotros para su realización allá afuera, en nuestra vida (existir deriva del latín exsistere, que significa emerger o ir hacia afuera). Desde la axiología frankleana, el problema está en que la persona solo capte y realice valores sensibles y vitales, perdiendo de vista los valores más elevados o espirituales (Scheler, 2007). A esta falta de percepción y realización de aspectos valiosos de la vida Frankl la llamó vacío existencial (Frankl, 2004), puesto que es la realización de valores elevados lo que hace que la vida se torne significativa (Scheler, 2007). Sentir este vacío no es en sí algo patológico (Frankl, 2003a), pero si no se afronta adecuadamente, es decir, sintiéndolo y conociéndolo, la persona puede desviarse hacia el placer o el poder con el fin de no sentir la angustia, derivando en depresión, trastornos de ansiedad e incluso trastornos de la personalidad y cuadros psicóticos. Es entonces cuando hablamos de una restricción de la libertad en términos de afectación y entrega (Martínez, 2011) que impide la percepción y realización de valores respectivamente.

Scheler, quien fue también discípulo de Husserl, plantea una fenomenología del afecto (Scheler, 2007), inspirándose en la noción de intencionalidad que Husserl tomaría de su maestro Franz Brentano (Martínez, 2013). Para Husserl la conciencia en intencional por dirigirse siempre hacia algo. Para Scheler la conciencia es intencional por dirigirse también hacia valores en lo que podemos llamar disposición afectiva (Scheler, 1957), pues es el amor lo que nos moviliza hacia lo valioso en la vida (Scheler, 2007). Las emociones vienen a ser entonces el correlato subjetivo de los valores que la persona experiencia en su mundo (el polo objetivo de la existencia), lo que Scheler llamó sentimientos intencionales (Scheler, 2007). De ahí que para Frankl los valores nos atraen y esperan, siendo responsabilidad de cada uno percibirlos (afectiva y cognitivamente) y realizarlos.

El diálogo socrático, fundamentado en una actitud fenomenológica, nos puede ayudar a que, a través del vínculo, la persona en terapia actualice sus posibilidades de valor, es decir, que “aclare su vista” respecto a que es lo valioso en su vida y que está dejando de captar, sin que sea el terapeuta quien “prescriba” tales valores o señale los caminos. Si bien Frankl nunca detalló cómo aplicar la fenomenología a la práctica clínica respecto a los valores, nos dejó sólidas bases para ser co-partícipes de la evolución de la logoterapia. En palabras de Frankl:

“Aunque ningún logoterapeuta prescribe un sentido, si puede muy bien describirlo. Me refiero a que puede describir que pasa en un hombre cuando experimenta algo significativamente sin aplicar a esas experiencias pauta alguna preconcebida de interpretación. Para decirlo en pocas palabras, nuestra tarea es recurrir a una investigación fenomenológica de los datos inmediatos de la experiencia vital real. De un modo fenomenológico el logoterapeuta puede ampliar y ensanchar el campo visual de este paciente en lo tocante a sentidos y valores, haciendo que cobren importancia, por así decir.” (Frankl, 2003b P. 29) (Cursivas del autor).

Se tratará entonces de experienciar el método fenomenológico en la relación terapéutica, buscando como Frankl señala, comprender la experiencia del consultante respecto a valores, buscando a través de preguntas y señalamientos (Salomón y Díaz del Castillo, 2015) que sea la propia persona la que nos describa cual es su sentir, su pensar y su actuar en relación a diversas situaciones de su vida, con el fin de que encuentre algo que al ser percibido y realizado plenifique más su existencia. Esta actitud fenomenológica prepara el camino para una mayor comprensión respecto a cómo la persona restringe su libertad en términos de afectación (resonar afectivamente en presencia de lo valioso) (Martínez, 2011), pues muchas veces los valores atraen, pero están en el mundo, en la vida que es “afuera”, y salir al mundo puede ser riesgoso. De ahí que para encontrar sentido en la vida muchas veces hay que asumir el riesgo de ser auténticos, dando el “salto de fe” desde donde nos permitamos vivir más plenamente. Cuán cierto es lo que dice Kierkegaard: “la angustia es la realidad de la libertad en cuanto posibilidad” (Kierkegaard, 1984 P. 21).

CÓMO LA ACTITUD FENOMENOLÓGICA FACILITA EL DESPLIEGUE DE LA LIBERTAD EN EL TERAPEUTA

El encuentro logoterapéutico propicia que no solo el consultante pueda desplegar su libertad. Desarrollando una actitud fenomenológica el terapeuta puede ampliar su margen de libertad y responsabilidad al lograr un mayor autodistanciamiento, es decir una mayor autocomprensión sobre cómo se relaciona con el otro, autorregulándose respecto a sus propias interpretaciones y explicaciones sobre la persona del consultante, aprendiendo a mirar todo como posible, abierto a la novedad en cada momento. Así mismo facilita la capacidad de autotrascendencia, logrando ver al otro de una forma más “realista”, validándolo como un legítimo otro, diferente, único y singular. Con qué razón Kierkegaard decía que había que despojarse del vestido interno de los pensamientos y las ideas para poder ver la verdad (Kierkegaard en Martínez, 2013). Esta diferenciación ayuda a distinguir lo propio de lo del otro, facilitando un encuentro más claro y auténtico, es decir, una relación Yo – Tú (Buber, 1979).

ALGUNAS PAUTAS CLAVE PARA DESARROLLAR UNA ACTITUD FENOMENOLÓGICA EN LA RELACIÓN PSICOTERAPÉUTICA EN LOGOTERAPIA

Se trata de cuestionarnos como terapeutas ciertas cosas, entre ellas:

- ¿Cuál es mi actitud frente a la otra persona?

- ¿Hasta dónde creo conocer o saber sobre la experiencia del otro?

- ¿Cuánto de lo que veo en el otro es realmente su experiencia y cuánto es mi experiencia?

- ¿Qué cosas vienen a mi mente cuando el otro me comenta su experiencia?

- ¿Qué siento frente a la experiencia del otro?

- ¿Hasta qué punto tiendo a completar con mis conocimientos o experiencias la experiencia del otro?

- ¿Cómo y cuánto interpreto la experiencia del otro?

- ¿Qué es lo que me resulta más fácil en la relación, explicar, interpretar o describir la experiencia del otro?

- ¿Noto que tiendo a darle mayor o menor importancia a ciertos aspectos de lo que el otro me refiere como su experiencia?

- ¿Qué significados le doy a la experiencia del otro?

- ¿Tiendo a hacer hipótesis sobre la experiencia del otro?

- ¿Cuánta importancia le doy a la estadística y a los criterios diagnósticos para entender la experiencia del otro?

- ¿Las preguntas que utilizo en la relación van dirigidas a que el otro describa o explique su experiencia?

- ¿Tiendo a imaginar la causa del problema del otro?

- ¿Noto que me hago una idea de la otra persona según lo que me refiere?

- ¿De qué forma los valores del otro chocan con mis propios valores?

- ¿Tiendo a señalarle al otro sus posibles valores?

- ¿Hasta qué punto impongo mis valores a la otra persona?

            La actitud fenomenológica no solo es de mucho valor en la relación psicoterapéutica, sino que puede ser una maravillosa invitación a vivir y ver la vida con nuevos ojos, desde una perspectiva más clara respecto al papel de cada quien en las relaciones, movilizando la autoconciencia y ampliando la conciencia respecto al otro y su experiencia, propiciando un vínculo más auténtico.

            REFERENCIAS

Buber, M. (1979). Yo y Tú. Argentina: Nueva Visión.

De Castro, A. (2013). Proceso experiencial en psicoterapia existencial en Relación psicoterapéutica. Enfoque fenomenológico existencial. Perú: Universidad Inca Garcilaso de la Vega.

Frankl, V. (2008). Teoría y terapia de las neurosis. España: Herder.

Frankl, V. (2007). Logoterapia y análisis existencial. España: Herder.

Frankl, V. (2004). El hombre en busca de sentido. España: Herder.

Frankl, V. (2003a). Ante el vacío existencial. España: Herder.

Frankl, V. (2003b). Psicoterapia y existencialismo. España: Herder.

Frankl, V. (2002). La voluntad de sentido. España: Herder.

Heidegger, M (2014). Ser y tiempo. México: FCE

Husserl, E. (2011). La idea de la fenomenología. España: Herder.

Kierkegaard, S. (1984). El concepto de la angustia. España: Orbis

Martínez, Y. (2013). Filosofía existencial para terapeutas y uno que otro curioso. México: LAG

Martínez, E. (2012). El dialogo socrático en la psicoterapia. Colombia: SAPS.

Martínez, E. (2011). Los modos de ser inauténticos. Colombia: Manual Moderno.

Reeder, H. (2011). La praxis fenomenológica de Husserl. Colombia: San Pablo.

Salomón, A y Díaz del Castillo, J. (2015). Encontrando y realizando sentido. Diálogo socrático y ejercicios vivenciales en logoterapia. Perú: Unifé.

Scheler, M (2007). Ética. España: Caparrós

Scheler, M. (1957). El puesto del hombre en el cosmos. Argentina: Losada.

 

Comments are closed.

Scroll to Top